
En Yanashi, agentes de pastoral y autoridades se organizan para defender la vida y el territorio
Más de 30 personas participaron en el Primer Taller de Pastoral Social, realizado los días 26 y 27 de octubre de 2026 en el centro poblado de Yanashi. El encuentro reunió a agentes de pastoral, representantes de comunidades nativas y campesinas y autoridades locales, como el teniente gobernador, el juez de paz, el director y docentes del colegio y representantes de la ODEC. El objetivo fue fortalecer el conocimiento de los derechos humanos y promover la organización comunitaria para defender la vida, la dignidad y el territorio.
El taller contó con la participación de representantes de la Oficina de Defensa de la Vida y la Cultura del Vicariato, del CAAAP y de Geni, misionera Verbum Dei del equipo intervicarial.
La dignidad humana y la defensa de nuestros derechos
La primera jornada comenzó con una oración y dinámicas participativas para reflexionar sobre el valor de cada persona, su identidad y su relación con el territorio.
Durante la formación se abordaron los derechos humanos y sus diferentes formas de vulneración, especialmente la violencia estructural y cultural. Se reflexionó sobre cómo la falta de atención médica, medicamentos, educación y servicios básicos afecta la dignidad de las personas. También se destacó la importancia de defender la identidad cultural de los pueblos indígenas, sus conocimientos ancestrales y la medicina tradicional. Se analizaron situaciones de discriminación, violencia familiar y vulneración de los derechos de niños, niñas y adolescentes.
Asimismo, se explicó el papel de las autoridades locales y comunales y las instituciones a las que acudir ante situaciones de vulneración de derechos, recordando la importancia de organizarse, fiscalizar los servicios públicos y participar en las decisiones comunitarias.

El cuidado del territorio y el derrame de petróleo
Otro momento importante fue la reflexión sobre las amenazas al territorio amazónico: deforestación, minería ilegal, narcotráfico, pesca indiscriminada y contaminación.
Se dedicó especial atención al derrame de petróleo ocurrido el pasado abril, sus consecuencias para el agua, la pesca, la salud y la economía familiar. Los participantes conocieron los resultados de los monitoreos de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), que identificaron aceite, grasa e hidrocarburos en el agua. También se destacó la necesidad de contar con asesoría legal, recoger fotografías, vídeos y testimonios, realizar seguimiento a la calidad del agua y fortalecer la vigilancia ambiental comunitaria.
Se recordó que la organización y la participación de las comunidades son fundamentales para defender sus derechos y exigir responsabilidades.
La Pastoral Social: acompañar, organizar y defender la vida
Durante la segunda jornada se profundizó en la Pastoral Social como acción organizada de la Iglesia para promover la justicia social y acompañar a las personas y comunidades en la transformación de sus realidades.
A partir del Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces (Mc 6, 34-44), se invitó a reconocer los recursos, conocimientos y capacidades que existen en cada comunidad. La reflexión destacó la importancia de la reciprocidad, la solidaridad y las prácticas tradicionales de trabajo comunitario, como la minga.
Mediante una dinámica sobre la Torre de Babel y la Muralla de Jerusalén, los participantes reflexionaron sobre dos maneras de organizarse: una donde unos pocos deciden y otra donde todos participan y colaboran para construir juntos.

Compromisos y propuestas para las comunidades
Entre los principales compromisos del encuentro destacó la necesidad de afrontar la violencia familiar y promover la protección y el empoderamiento de las mujeres en Yanashi, impulsando la creación de un grupo de mujeres.
En el ámbito educativo, se planteó fortalecer la identidad cultural, trabajar la disciplina y mejorar las relaciones familiares, promoviendo una responsabilidad compartida entre padres y docentes.
Asimismo, se resaltó la importancia de fortalecer la organización y participación de las comunidades nativas y campesinas, así como la defensa de sus derechos colectivos y del territorio. También se propuso compartir lo aprendido en los encuentros zonales, invitar a otras comunidades a presentar sus experiencias y promover espacios de sensibilización dirigidos a familias, estudiantes, docentes y autoridades. El encuentro concluyó con la entrega de hojas de ruta para dar continuidad a los compromisos asumidos.
Una Iglesia comprometida con sus comunidades
Juan Pablo Huani, responsable de la parroquia de Yanashi, expresó su satisfacción por este primer taller y animó a continuar trabajando unidos por el bien de los pueblos:
«Es una satisfacción conocernos mejor como agentes de pastoral y autoridades. Quiero invitar a cada puesto de misión a que sigamos trabajando por el bien de nuestros pueblos, conociendo nuestros derechos y deberes para cuidar nuestra tierra y nuestra agua».
Por su parte, la hermana María Mercedes Carrillo Cárdenas, MEMI, del equipo misionero, destacó el compromiso de la Pastoral Social, integrada por mujeres y hombres que trabajan por responder a las necesidades de la población. Entre sus acciones mencionó las gestiones para conseguir atención médica en el centro de salud y sus nuevos proyectos: formar un grupo de mujeres, fortalecer una escuela de padres y organizar espacios de formación sobre violencia, salud y medio ambiente.
Hilda Riveyro Romayna, coordinadora del equipo de Pastoral Social, resaltó el acompañamiento a los enfermos y la necesidad de sensibilizar a la población sobre sus derechos:
«Nos hemos comprometido a dar charlas para que las personas tengan conocimientos sobre sus derechos. Hay tanta violencia en las familias. Tambien queremos hacer un taller de capacitación para las mujeres».
Seguir caminando juntos en sinodalidad
Este primer encuentro ha fortalecido los vínculos entre la parroquia, las autoridades y las comunidades, abriendo un espacio de escucha, formación y compromiso.
La defensa de los derechos humanos, el cuidado de la creación y la promoción de la justicia social son también tareas de la Iglesia. El desafío es llevar lo aprendido a la vida cotidiana, fortalecer la organización comunitaria y acompañar las iniciativas surgidas durante el taller.
Como nos recuerda el Evangelio, no se trata de despedir a las personas con las manos vacías, sino de reconocer lo que tenemos, compartir nuestros dones y organizarnos para responder juntos a las necesidades de nuestras comunidades.




