Inicio | Correo

VICARIATO APOSTÓLICO SAN JOSE DEL AMAZONAS

"SEÑOR DE LOS MILAGROS, MODELO DE SERVICIO A LOS DEMÁS”
SALUDO DEL OBISPO

 

Queridos hermanos:

Mis mejores deseos para todos ustedes en este mes tan especial para nosotros. Todo el Perú dirige los ojos y vuelca sus corazones en las múltiples eucaristías y procesiones que se están llevando a cabo por las calles de las distintas ciudades como signo de penitencia y manifestación de la fe cristiana. Que el Señor de los Milagros inunde nuestro corazón, nos ilumine, nos acompañe y fortalezca.

Durante este último tiempo, hemos ido dando pasos que nos hacen vislumbrar un mayor orden y una luz de esperanza en la realidad vicarial. Es obra de todos que, con la ayuda de Dios, damos lo mejor de nosotros mismos para que el anuncio del Evangelio llegue a todos los hombres a pesar de las enormes dificultades en las que nos vemos inmersos. Confiamos en Dios y nos ponemos en sus manos para que sea Él quien nos lleve a feliz puerto.

Queremos descubrir en nosotros el don del servicio a través del ejemplo del Señor de los Milagros. Efectivamente, toda la vida de Jesús de Nazaret es un verdadero modelo de entrega y servicio a los demás. Toda su vida fue un esfuerzo constante para cumplir la voluntad del Padre y entregarse a sus hermanos. Una entrega plena de fidelidad y coherencia hasta
llevarle a la muerte y una muerte de cruz. ¿De dónde sacó tanta fuerza para no desanimarse, para no desfallecer, para permanecer fiel? Sencillamente, del AMOR, porque Dios es amor y el amor es el motor de la historia –nos recuerda San
Agustín-. El amor a Dios y al prójimo hizo posible que Jesús permaneciera fiel hasta el final. Él sabía que había venido a cumplir la voluntad del Padre y también sabía que el amor, amar y ser amado, es la primera necesidad del ser
humano. Por eso, aquella noche del Jueves Santo instituyó la Eucaristía como fuente y signo del amor y nosotros, los cristianos, en ese día celebramos el día del Amor fraterno.

El amor es la fuerza que engendra una nueva vida, que hace posible que los esposos permanezcan fieles entre sí, que haya personas que renuncien a su tiempo para poder dedicarse a los demás de forma voluntaria y vocacional (catequistas, agentes de pastoral, misioneros…). Cuando una persona se siente amada, es capaz de superar muchos obstáculos y dificultades, es capaz de vencer la soledad y la angustia ante situaciones adversas.

Por eso, en este mes dedicado al Señor de los Milagros, debemos mirar a la cara a Cristo, Nuestro Señor, y pedirle que convierta nuestros corazones, que se produzca en nosotros el MILAGRO DEL AMOR.  Si realmente nos llenamos del amor de Dios, podremos revertir ese amor a nuestros semejantes ya que nadie da lo que no tiene. Para poder dar amor hay que vivir en el amor. Ese amor lo encontramos en el Señor de los Milagros. Acerquémonos a Jesús y Él nos dará su amor. “Venid,
benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve solo y desnudo y vinisteis a verme y me vestisteis…”(Mt 25,34). Este es el mandato de Jesús para
heredar la vida eterna, para instaurar el reino de Dios.

¡Que distinta sería nuestra realidad si efectivamente viéramos en el prójimo el rostro de Jesús! ¡Cómo cambiaría nuestra sociedad si hiciéramos del servicio un estilo propio de vida! Estamos acostumbrados a pensar desde nosotros mismos, desde nuestra realidad conformada por nuestros intereses y necesidades. Debemos abrirnos al Señor y aprender de Él que es “manso y humilde de corazón”, debemos llenarnos de Él, de su amor, para que nuestra carga y nuestro yugo se vuelva ligero (Mt 11,29) y dirigir nuestra mirada a las necesidades de los demás. Esa es la transformación social
que buscamos en el Vicariato a la Luz de la Palabra, ese es el auténtico Milagro del amor, que el Señor Jesús sigue realizando a través de nuestras vidas: cambiar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Agradezco al Señor, a las distintas Congregaciones y a vosotros mismos los enormes sacrificios que estáis realizando y que reflejan un inmenso amor al prójimo, a los más necesitados y una entrega incondicional a la Iglesia a través del Vicariato. Que el Señor de los Milagros os lo premie con sus dones y bendiga vuestras comunidades.

Hagamos nuestras las palabras entonadas en el himno al Señor de los Milagros: al Él acudimos con devoción e imploramos su bendición. Queremos que sea Él quien nos ilumine y nos llene de fe, esperanza y caridad, para que entre todos podamos hacer grande nuestro Perú.

A todos, un feliz mes de octubre. Que nuestra devoción y penitencia, nuestro esfuerzo y sacrificio, sean una oportunidad para cada uno de una gran conversión. Un cordial saludo junto con mi bendición.

+ Mons. Miguel Olaortua Laspra, O.S.A.
Administrador Apostólico del VASJA.